¡Hola VIVILO! Comenzamos el día 20 de PRIMERO ORÁ con el corazón abierto y la mirada puesta en Dios. Aunque la vida cambie, creemos que Él permanece fiel y nos acompaña en cada etapa del camino.
Mateo 18:19-20 «Además les digo que, si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.».
Al orar juntos, nuestra fe se fortalece y experimentamos la presencia de Dios en medio de nosotros. La oración nos une porque nos recuerda que, aunque atravesemos diferentes situaciones, todos podemos acercarnos al mismo Dios.
Pero orar no es solamente presentar delante de Dios nuestras propias necesidades. La Biblia también nos anima a mirar las necesidades de quienes nos rodean y llevarlas delante de Él.
1 Timoteo 2:1 «Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos,».
Orar por otros es una manera de amar. Cuando oramos por alguien, decidimos llevar su situación delante de Dios y acompañarlo en oración. La oración es una forma de sostener a quienes están pasando por momentos difíciles, incluso cuando no podemos hacer nada más.
Jesús incluso nos desafía a orar por aquellas personas que nos resulta difícil amar: nuestros enemigos, quienes nos lastimaron o quienes nos han herido. Porque cuando oramos por otros, no solamente estamos pidiendo que Dios actúe en sus vidas, sino que también estamos dejando que Él transforme nuestro corazón y nos enseñe a amar como Jesús lo hace.
Lucas 6:27-28 «Pero a ustedes que me escuchan les digo: amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los maltratan.».
Esto nos muestra que orar por otros no depende de cuánto nos agradan o de si creemos que lo merecen. Oramos porque Jesús nos enseñó a amar de una manera diferente. Cuando oramos por alguien, también permitimos que Dios transforme nuestro propio corazón y nos ayude a mirar a esa persona a través de su amor.
La oración también nos invita a perseverar. No siempre vamos a ver una respuesta inmediata, pero eso no significa que debamos dejar de orar. Por eso, la Biblia nos anima a permanecer firmes y seguir creyendo, aun cuando todavía no podamos ver lo que Dios está haciendo.
Efesios 6:18 «Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alertas y perseveren en oración por todos los creyentes.».
Hay momentos en los que quizás no podemos solucionar el problema de otra persona, no sabemos qué decirle o no podemos estar físicamente cerca… ¡pero podemos orar! Podemos ir delante de Dios y pedirle que actúe con poder en la vida de otras personas.
Cuando oramos por otros, también dejamos de mirar únicamente nuestras propias necesidades. Nuestra oración comienza a tener una mirada más amplia: nuestra familia, nuestros amigos, nuestra iglesia, nuestros compañeros de trabajo o estudio, nuestros vecinos, nuestra ciudad y también aquellas personas que todavía necesitan conocer a Jesús.
Tomate unos minutos y pensá en cinco personas por las que vas a orar durante los próximos días. Escribí sus nombres, preguntales cuáles son sus necesidades y orá por ellos. Porque cuando oramos, no solamente buscamos que Dios transforme nuestras propias circunstancias, sino también las de los demás.
¿POR QUÉ PERSONAS PUEDO EMPEZAR A ORAR?
Podemos mirar a nuestro alrededor y recordar que hay personas que necesitan nuestras oraciones. Podemos orar por sus necesidades y perseverar, aun cuando todavía no veamos respuestas. Queremos ser una iglesia que no solamente pide por sí misma, sino que también se une en oración por otros, confiando en que Dios puede transformar vidas y hacer mucho más de lo que nosotros podemos ver o imaginar.
