«Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre el pueblo santo, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz» Efesios 1:17-19.
Todos tenemos algún concepto de Dios. Algunos aprendieron de Él a través de su familia, otros escucharon hablar de Él por amigos o por las personas que los rodean.
La mayoría tenemos algo para decir acerca de Dios, aunque no siempre lo que creemos saber sea correcto. Por eso, cuando alguien nos pregunta si conocemos a Dios, podemos responder rápidamente que sí, con la satisfacción de sentir que sabemos de quién estamos hablando.
Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre saber de Dios y conocer a Dios. Saber de Dios significa conocer datos, atributos, historias y enseñanzas acerca de Él. Conocerlo implica comprender quién es, reconocer su obra y profundizar en nuestra relación con Él.
Pablo, en su oración por los efesios, va más allá de preguntarse si simplemente conocemos a Dios. Él pide que lo conozcamos mejor.
No se trata solamente de tener información acerca de Él, sino de conocerlo de verdad, sin conformarnos con una experiencia a medias.
A veces nos conformamos con ver el tráiler de una película. Vemos un adelanto y sentimos que ya sabemos de qué se trata; lo que falta, lo imaginamos. Terminamos conformándonos con muy poco, o solamente con aquello que creemos necesitar, como si todo lo demás fuera un relleno.
Con Dios podemos hacer lo mismo. Conocemos algunas cosas acerca de Él, nos quedamos con una parte y completamos lo que no sabemos con nuestras propias ideas. A veces nos cuesta pensar en Dios como alguien cercano y terminamos viviendo como si estuviera lejos de nosotros.
Santiago 4:8 «Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes, los indecisos, purifiquen su corazón!».
Sin embargo, la distancia no está de parte de Dios. Muchas veces somos nosotros quienes la marcamos. Esperamos nuevas acciones de su parte, pero dejamos de lado todo lo que ya hizo por nosotros. Cada día esperamos una nueva señal para acercarnos, como si lo que Dios ya hizo no fuera suficiente para confiar en Él.
DIOS QUIERE DARSE A CONOCER Y SIEMPRE TUVO EL PROPÓSITO DE ESTAR CERCA NUESTRO.
Su amor quedó demostrado cuando entregó a su Hijo para que tengamos vida eterna. Sin embargo, muchas veces perdemos de vista esa realidad porque nuestra atención queda atrapada en las dificultades que enfrentamos (Juan 3:16).
Pablo también pide que sean iluminados los ojos de nuestro corazón. Con nuestros ojos naturales podemos ver los problemas, las circunstancias y todo aquello que parece estar en nuestra contra, pero podemos dejar de ver que Dios siempre estuvo cerca.
Cuando aparece una dificultad, nuestra atención se concentra tanto en ella que perdemos de vista a Dios. Por eso, en 2 Corintios 4:18, Pablo enseña que no debemos fijarnos solamente en lo visible, porque lo que vemos es pasajero, mientras que lo invisible es eterno.
El problema no es necesariamente que Dios esté lejos, sino que nosotros dejamos de verlo. No podemos conformarnos con lo que hoy conocemos de Él, necesitamos seguir acercándonos para conocerlo mejor.
CONOCERLO MEJOR TRANSFORMA NUESTRA VIDA.
Conocer mejor a Dios no significa solamente acumular conocimiento. También nos permite reconocer y disfrutar lo que Él preparó para nosotros. A veces podemos pasar años sin descubrir algo que estaba a nuestro alcance simplemente porque no lo conocíamos.
Esto también puede sucedernos en nuestra relación con Dios. Podemos estar dejando pasar muchas cosas por no conocerlo mejor. Romanos 1:20-21 enseña que las cualidades invisibles de Dios, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben a través de la creación.
No poder percibir a Dios en su grandeza y en su infinitud puede llevarnos a quedar esclavos de nuestros propios e inútiles razonamientos.
Necesitamos conocer ese poder, el mismo que creó los cielos y la tierra. Necesitamos conocer ese poder que de la nada hace todo (Génesis 1:1).
Pero, si nos encerramos en nuestras propias ideas, terminaremos pensando únicamente de la manera que queremos, sin abrir el corazón para conocer verdaderamente a Dios.
Hoy no hay excusas válidas, aunque haya muchas dando vueltas. Tenemos a nuestro alcance cosas concretas que podemos hacer para conocer más a Dios.
Esto no les sucede solamente a quienes están lejos de la iglesia. También podemos llevar años congregándonos y seguir extraviados en nuestros propios razonamientos, creyendo que alcanza con estar presentes todos los domingos.
CONOCER A DIOS IMPLICA TENER UNA RELACIÓN CERCANA Y GENUINA CON ÉL.
Para eso, la comunión es fundamental. Congregarnos, asistir y estar presentes nos permite compartir la vida con otros creyentes, rodearnos de personas que nos enseñan, nos acompañan y nos animan a seguir adelante.
En Hechos 2:46-47 vemos a los primeros creyentes reuniéndose en el templo y compartiendo de casa en casa, con alegría y generosidad, alabando a Dios.
La vida en comunidad forma parte de nuestro crecimiento. Por eso insistimos en la importancia de caminar con alguien.
La iglesia no se trata solamente de lo que podemos recibir, sino también de estar dispuestos a bendecir a otros. No podemos pretender conocer mejor a Dios si no estamos dispuestos a disponer de nuestro tiempo para las personas. La iglesia también significa hacer lugar para los demás y acompañarnos en el camino de la fe.
Pero la comunión no es lo único que necesitamos. Para romper con nuestros razonamientos y las ideas que no están de acuerdo con la voluntad de Dios, necesitamos la luz de su Palabra.
Romanos 12:2 «No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta».
La Palabra de Dios transforma nuestra manera de pensar, nos enseña a vivir correctamente, nos da dirección y nos muestra su voluntad. Por medio de ella podemos conocer mejor a Dios y aprender a vivir de acuerdo con lo que Él quiere.
Por eso, cuando tenemos una charla personal con alguien o acompañamos a una persona, buscamos que lo que decimos tenga una base bíblica. No nos apoyamos en nuestras experiencias personales o testimonios, porque no son nuestras palabras ni nuestras historias las que tienen el poder de transformar una vida, sino la Palabra de Dios.
Leer la Biblia no es opcional para la vida saludable de un creyente. En 2 Timoteo 3:16-17 aprendemos que toda la Biblia nos forma, nos enseña y nos capacita para vivir.
También necesitamos la oración. Orar es el medio por el cual podemos expresarnos a Dios, acercándonos con confianza y sabiendo que Él nos escucha.
En 1 Juan 5:14-15 encontramos esta seguridad: cuando pedimos conforme a su voluntad, Él nos oye.
No nos acercamos a un Dios inaccesible, sino a un Dios que nos invita a acercarnos con confianza. A medida que lo conocemos, nuestra relación con Él se profundiza y podemos hablarle con la seguridad de que nos escucha.
La comunión, la Palabra y la oración son parte de ese camino en el que dejamos de conformarnos con saber algunas cosas acerca de Dios y comenzamos a conocerlo de una manera más cercana y genuina.
CONOCERLO MEJOR NOS ENSEÑA A CONFIAR.
Nadie confía plenamente en un extraño. La confianza crece a medida que conocemos a alguien, comprendemos quién es y reconocemos cómo actúa. Dios quiere dejar de ser un extraño en nuestra vida para que podamos confiar en Él con todo el corazón.
En Efesios 1:17-19, Pablo no solo pide que conozcamos mejor a Dios, sino también que podamos comprender la esperanza a la que fuimos llamados, la riqueza de nuestra herencia y la grandeza incomparable de su poder a favor de los que creemos.
Conocerlo mejor nos invita a confiar. Esto no significa que dejaremos de tener problemas, sino que podremos reconocer que, aun en medio de ellos, Dios está con nosotros.
La confianza en quién es Dios nos ayuda a mantener el corazón y la mente firmes, sin quedar dominados por las preocupaciones.
La preocupación no cambia el futuro ni mejora nuestra vida, pero confiar en Dios nos da la paz que necesitamos.
Cuando dejamos de poner toda nuestra atención en la dificultad y volvemos nuestra mirada hacia Él, podemos recordar la grandeza de su poder a nuestro favor.
Muchas veces vivimos sin confianza y sin fe porque todavía no conocemos suficientemente quién es Dios y qué significa su poder para nosotros.
Cuando Pablo habla de la fuerza grandiosa y eficaz de Dios, nos recuerda que su poder actúa a favor de los que creemos. Es un poder eficaz, que produce el efecto esperado y no falla.
Por eso, necesitamos dejar de medir a Dios únicamente por lo que vemos en nuestras circunstancias.
Si nuestra mirada queda atrapada en los problemas, podemos perder de vista quién es Él. Pero cuando lo conocemos mejor, podemos aprender a confiar aun cuando atravesamos situaciones difíciles.
Conocer a Dios no es algo que hacemos una sola vez ni una experiencia con la que debamos conformarnos. Es una relación en la que necesitamos seguir creciendo, acercándonos a Él por medio de la comunión, su Palabra y la oración.
No alcanza con tener información, escuchar hablar de Él o llevar años asistiendo a una iglesia. Necesitamos conocerlo de verdad.
Dios quiere darse a conocer. Nos invita a acercarnos, a dejar atrás nuestros propios razonamientos y a descubrir quién es Él.
Cuanto más lo conocemos, más podemos reconocer su obra, comprender la esperanza a la que nos llamó y confiar en la grandeza de su poder a favor nuestro.
REFLEXIÓN
¿ME ESTOY CONFORMANDO CON SABER DE DIOS EN LUGAR DE CONOCERLO MEJOR?
El problema no es necesariamente que Dios esté lejos, sino que nosotros dejamos de verlo. No podemos conformarnos con lo que hoy conocemos de Él, necesitamos seguir acercándonos para conocerlo mejor.
¿ESTOY DISPONIENDO TIEMPO PARA CONOCER A DIOS EN LA SEMANA?
La comunión, la Palabra y la oración son parte de ese camino en el que dejamos de conformarnos con saber algunas cosas acerca de Dios y comenzamos a conocerlo de una manera más cercana y genuina.
¿ESTOY CONFIANDO EN DIOS AUN EN MEDIO DE LOS PROBLEMAS?
Conocerlo mejor nos invita a confiar. Esto no significa que dejaremos de tener problemas, sino que podremos reconocer que, aun en medio de ellos, Dios está con nosotros.